Estas historias no están diseñadas para decirle a un niño qué pensar.
Están escritas para acompañarlo mientras descubre algo por sí mismo.
Aquí los personajes se equivocan.
Dudan.
Toman decisiones apresuradas.
Sienten miedo, vergüenza o culpa.
Y aprenden.
No desde el castigo,
sino desde la consecuencia.
El enfoque de este libro no es moralizar.
Es abrir espacio.
Espacio para hablar sobre responsabilidad sin humillar.
Sobre miedo sin ridiculizar.
Sobre crecimiento sin exigir perfección.
Después de leer cada historia, lo importante no es el final.
Es la conversación que puede empezar.

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